Cuando pensamos en la alimentación de nuestros perros y gatos, solemos enfocarnos en elegir un alimento de calidad y adecuado para su etapa de vida. Sin embargo, existe un aspecto igual de importante que muchas veces pasa desapercibido: cómo se almacena el alimento una vez que llega a casa.
Un almacenamiento adecuado ayuda a conservar las propiedades nutricionales del alimento, mantener su aroma, textura y frescura por más tiempo, y proteger nutrientes sensibles al contacto con el aire, la humedad y la luz. De esta forma, tu mascota puede disfrutar cada porción tal como fue formulada.
REVISA SIEMPRE QUE SEA EL ALIMENTO ADECUADO
Antes de abrir un saco de alimento, asegúrate de que corresponda a la especie, edad, tamaño y necesidades de tu mascota. También es importante revisar la fecha de vencimiento y verificar que el envase se encuentre íntegro, sin roturas ni perforaciones.
Estos simples hábitos ayudan a garantizar que tu perro o gato reciba una alimentación segura y equilibrada desde el primer día.
CONSERVA SIEMPRE EL ALIMENTO EN SU ENVASE ORIGINAL
Uno de los errores más comunes es cambiar el alimento de bolsa apenas llega al hogar. Sin embargo, el envase original ha sido especialmente diseñado para actuar como una barrera frente al oxígeno, la humedad y la luz, factores que pueden acelerar el deterioro del alimento.
Si deseas utilizar un recipiente para mayor comodidad, lo ideal es introducir el saco completo dentro de un contenedor limpio y hermético, en lugar de vaciar el alimento directamente. De esta forma se mantiene la protección del envase original y se agrega una barrera adicional frente a factores ambientales.
Además, el envase conserva información importante, como el número de lote, la fecha de vencimiento y las instrucciones de uso, antecedentes que pueden ser necesarios ante cualquier consulta relacionada con el producto.
EL LUGAR DONDE LO GUARDAS TAMBIÉN HACE LA DIFERENCIA
Para conservar el alimento en óptimas condiciones, es recomendable almacenarlo en un lugar fresco, seco y bien ventilado, protegido de la luz solar directa y alejado de fuentes de calor y humedad.
Las altas temperaturas, especialmente durante el verano, pueden acelerar la oxidación de las grasas presentes en el alimento. Este proceso, conocido también como enranciamiento, puede alterar gradualmente el aroma, el sabor y la calidad nutricional del producto.
Por otra parte, durante épocas de mayor humedad ambiental, como ocurre habitualmente en invierno, un envase abierto o mal cerrado puede favorecer que el alimento absorba humedad del ambiente. Esto puede alterar su textura y, si las condiciones lo permiten, favorecer el desarrollo de hongos y otros microorganismos, comprometiendo la calidad e inocuidad del alimento.
OBSERVA SIEMPRE EL ESTADO DEL ALIMENTO
Antes de servir cada porción, dedica unos segundos a revisar que el alimento mantenga su aspecto habitual.
Si notas cambios en el olor, el color, la textura o la forma de las croquetas, observas presencia de moho, insectos o cualquier otra alteración poco habitual, lo más recomendable es no ofrecer ese alimento a tu mascota.
Una revisión rápida antes de cada comida puede ayudar a detectar oportunamente cualquier anomalía y asegurar que continúe recibiendo un alimento en buen estado.
LA CALIDAD TAMBIÉN CONTINÚA EN CASA
En Nómade elaboramos nuestros alimentos bajo estrictos controles de calidad e inocuidad para asegurar que cada fórmula llegue en óptimas condiciones y conserve las características nutricionales para las cuales fue desarrollada.
Sin embargo, una vez que el alimento llega al hogar, su correcta conservación también pasa a formar parte del cuidado diario de tu mascota.
Almacenarlo adecuadamente ayuda a mantener la calidad, preservar sus propiedades nutricionales y conservar las características con las que fue formulado hasta el momento de ser consumido.
Porque una buena nutrición no depende únicamente de elegir un alimento de calidad, sino también de conservarlo correctamente desde el primer hasta el último día de uso.
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